Piernas cansadas e insuficiencia venosa, por la Dra Mónica Peris

Piernas cansadas e insuficiencia venosa: por qué aparecen y cómo cuidar tu circulación de retorno

La Dra. Mónica Peris nos explica por qué notamos las piernas pesadas —sobre todo con la llegada del calor—, qué está pasando realmente en nuestras venas y qué podemos hacer, desde los hábitos diarios hasta la fitoterapia, para aliviarlo y mejorar la circulación de retorno.


La sensación de piernas cansadas es uno de esos malestares tan cotidianos que tendemos a normalizarlo. Pero, como nos recuerda la Dra. Mónica Peris en esta entrevista, esa pesadez es muchas veces la primera señal de algo más de fondo: que la sangre no está volviendo al corazón con la facilidad que debería.

¿Qué son realmente las «piernas cansadas»?

La pesadez en las piernas suele ser el primer síntoma que percibimos, pero detrás hay un mecanismo concreto. Cuando las venas pierden elasticidad, se dilatan, y esa dilatación afecta al funcionamiento de sus pequeñas válvulas internas. El resultado es que el retorno venoso —el viaje de la sangre de vuelta hacia el corazón— se ve comprometido y la sangre tiende a acumularse en las piernas.

De ahí la sensación de que las piernas «pesan el doble», de que cuesta moverlas y caminar, y de que al final del día se hinchan hasta el punto de que el calzado parece quedar pequeño.

¿Por qué empeora en verano?

Con el calor, las venas se dilatan todavía más. Y como la sangre de retorno tiene que ascender en contra de la gravedad, esa dilatación le pone las cosas más difíciles para llegar al corazón. Por eso los síntomas se acentúan justo cuando aprietan las primeras temperaturas altas.

Muchas personas notan, además, que en zonas de montaña o de mayor altitud sus piernas «van mejor» que a nivel del mar. La explicación que se suele dar apunta a la presión atmosférica, aunque conviene tomarla con prudencia: el factor más constante y mejor documentado es la temperatura. El calor de las zonas costeras en verano favorece la vasodilatación, mientras que el ambiente más fresco de la montaña suele aliviar la sensación de pesadez. Sea cual sea el mecanismo exacto, el patrón que describen los pacientes es real.

Cómo funciona la circulación de retorno

La circulación venosa es la red de venas encargada de recoger la sangre una vez que esta ya ha llevado el oxígeno y los nutrientes a las células, y de devolverla al corazón.

Las venas de las piernas tienen una responsabilidad especial: recogen la sangre de toda la mitad inferior del cuerpo y deben impulsarla hacia arriba, en sentido ascendente. Para entender por qué a veces falla, ayuda conocer cómo está organizado el sistema:

  • Sistema venoso superficial. Incluye la safena interna, que recorre desde el tobillo hasta la ingle, donde se une a la vena femoral; y la safena externa, que asciende por la cara externa de la pierna hasta la parte posterior de la rodilla, donde conecta con el sistema profundo.
  • Sistema venoso profundo. Discurre por el interior de la pierna y es el que asume el grueso del retorno.
  • Venas perforantes. Comunican ambos sistemas atravesando los tejidos de forma perpendicular, «perforando» hacia el interior para llevar la sangre del sistema superficial al profundo.

Un detalle clave son las válvulas venosas. Las venas de las piernas tienen muchas, formadas por fibras de colágeno y elastina. No son planas, sino cóncavas hacia arriba —con una forma que recuerda al nido de las golondrinas—, y su función es impedir que la sangre vuelva a descender una vez impulsada. Cuando estas válvulas dejan de cerrar bien, aparece el reflujo y, con él, los problemas.

¿En qué se diferencian las venas de las arterias?

Aunque ambas comparten una estructura de tres capas, no son iguales:

  • Íntima o endotelio: la capa interna.
  • Media: formada por células musculares y/o láminas de elastina y colágeno.
  • Adventicia: con fibroblastos, fibras elásticas y haces de colágeno.

La diferencia está en las proporciones. En las venas, la pared es más delgada, la capa más externa contiene más colágeno y elastina, y la capa media tiene menos células musculares lisas, que además no siempre se distribuyen de manera uniforme. Esa pared más fina y con menos músculo explica, en parte, por qué las venas son tan vulnerables a dilatarse.

Varices, varicillas y arañas vasculares: no todo es lo mismo

Conviene distinguir según qué parte del sistema se vea afectada:

  • Cuando se alteran las venas superficiales, aparecen las varices, varicillas y arañas vasculares (telangiectasias). Suelen suponer sobre todo un problema estético, más que de dolor o calambres.
  • Cuando el problema está en las venas profundas, hablamos de insuficiencia venosa crónica, que sí provoca dolor, pesadez y calambres. Si se agrava, puede aparecer edema en los tobillos, atrofia cutánea y dermatitis, y en los casos más serios llegar a tromboflebitis, ulceración o hemorragia.

Esta diferencia es importante: no es lo mismo una cuestión estética que una insuficiencia que conviene vigilar médicamente.

¿Qué factores influyen en el deterioro de la circulación venosa?

Dejando de lado la predisposición genética —que siempre cuenta: si la madre o la abuela ya tenían varices, es razonable estar atentos—, la aparición de varices o insuficiencia venosa es multifactorial.

Factores fisiológicos. La mayor o menor fortaleza de las paredes venosas, la efectividad de las válvulas y la tonicidad de la propia pared venosa.

Edad. A partir de la tercera década de vida, las alteraciones venosas aumentan de forma progresiva con los años.

Sexo. Aquí conviene matizar. Los estudios epidemiológicos no muestran una incidencia claramente mayor en mujeres que en hombres; la diferencia real es pequeña. Lo que sí ocurre es que las mujeres consultan mucho más por problemas circulatorios, en buena medida por el factor estético: las telangiectasias y varicillas resultan más visibles. Los hombres, en cambio, suelen acudir más tarde, cuando ya hay síntomas de insuficiencia venosa crónica.

Factores hormonales. El efecto de las hormonas sobre la pared venosa puede ser determinante:

  • La progesterona relaja la fibra del músculo liso, lo que se traduce en hipotonía y menor resistencia de las venas.
  • La testosterona favorece un buen tono muscular y la quema de grasas, dos factores que benefician al sistema circulatorio.
  • Los estrógenos aumentan la retención de líquidos, pero ejercen un efecto protector sobre las arterias por su acción vasodilatadora. Ahora bien, conviene distinguir: los estrógenos naturales protegen la circulación arterial, mientras que los administrados por vía oral se asocian, según los estudios, a un mayor riesgo de tromboembolismos.
  • La FSH (hormona foliculoestimulante), que se dispara en la menopausia, provoca distensión de las paredes venosas.

Obesidad y sobrepeso.

Embarazo. Influyen tanto los cambios hormonales —en especial el aumento de progesterona— como la presión mecánica que el útero ejerce sobre las venas de retorno de la pelvis y el abdomen. Por eso son tan frecuentes las hemorroides tras los embarazos.

Actividad, posturas y afecciones osteoarticulares. El sedentarismo y las posturas mantenidas durante horas —de pie o sentados, ya sea por trabajo o en el tiempo de ocio— pasan factura. También problemas como pies planos, pies valgos o callosidades: hay que recordar que la sangre venosa asciende gracias a la contracción de los músculos de las piernas y a la presión que ejercemos al caminar sobre la almohadilla plantar.

¿Son las mujeres más propensas a los problemas circulatorios?

El factor hormonal pesa, y la fisiología femenina implica muchos cambios a lo largo de la vida: desde las primeras menstruaciones a los embarazos, pasando por la menopausia. A ello se suma que los anovulatorios y otros tratamientos hormonales pueden influir de forma decisiva en el desarrollo de patología venosa. Es un conjunto de circunstancias que conviene tener presente.

Qué puedes hacer para prevenir y aliviar los síntomas?

La buena noticia es que hay mucho margen para actuar por nuestra cuenta con medidas higiénico-dietéticas:

  • Muévete. Ejercita la musculatura de las piernas: caminar, nadar, andar dentro del agua, ir en bicicleta… Es lo que activa la «bomba» muscular que impulsa la sangre hacia arriba.
  • Cuida el calzado. Ni completamente plano ni con tacón excesivo. Lo ideal está entre 3 y 4 cm.
  • Eleva las piernas cuando lleves mucho rato sentada, y cambia de postura con frecuencia.
  • Activa los pies. Muévelos en círculos y arriba-abajo para bombear la sangre.
  • Vigila el peso con una alimentación equilibrada, sin exceso de sal (que favorece la retención de líquidos) ni de grasas saturadas y azúcares (que afectan a las paredes vasculares).
  • Evita los focos de calor directo: estufas, braseros, depilación con cera caliente…
  • No abuses de la ropa muy ajustada que dificulte la circulación: gomas, fajas, ligas, cinturones apretados.
  • Termina la ducha con agua fría, ascendiendo desde los tobillos hasta la ingle. O practica una «gimnasia vascular» alternando agua fría y templada.

Cómo aliviar la sobrecarga muscular en las piernas?

Conviene distinguir dos cosas que solemos confundir. La pesadez de origen venoso que hemos visto hasta aquí no es lo mismo que la sobrecarga muscular: esa tensión y rigidez que aparece cuando exigimos al músculo más de lo que está preparado —al retomar el ejercicio de golpe, repetir mal un gesto o tras un esfuerzo intenso—. Pueden coincidir, pero se alivian de forma algo distinta.

Para descargar la musculatura:

  • Descanso activo. Más que parar del todo, ayuda el movimiento suave (caminar, pedalear sin resistencia) que mantiene la zona irrigada sin volver a forzarla.
  • Estiramientos. Antes y, sobre todo, después del esfuerzo: rebajan el tono muscular y la tensión sobre los tejidos.
  • Masaje ascendente. Siempre de abajo hacia arriba, en dirección al corazón, para favorecer el retorno. Movimientos suaves y circulares, sin clavar.
  • Agua fría o contraste frío-templado. El frío tiene efecto antiinflamatorio y ayuda a relajar tras el esfuerzo; alternarlo con agua templada activa la circulación.
  • Rodillo de espuma (foam roller). Pasado despacio bajo el muslo o el gemelo, libera tensión de forma cómoda en casa.

Y una señal de alarma a tener presente: si el dolor no cede, hay hinchazón marcada o está afectada una sola pierna, conviene consultar antes de seguir con remedios caseros.

Ejercicios para piernas cansadas

No hace falta gimnasio. Lo que mejor funciona para las piernas cansadas es activar la «bomba muscular» de la pantorrilla, que es la que empuja la sangre hacia arriba. Con unos minutos al día basta:

  • Bombeo de tobillos. Sentada o tumbada, mueve los pies arriba y abajo y dibuja círculos. Se puede hacer en cualquier sitio.
  • Elevación de talones. De pie, sube y baja sobre las puntas de los pies varias veces. Activa directamente el gemelo.
  • Piernas en alto. Túmbate con las piernas apoyadas por encima del nivel del corazón unos 15-20 minutos: la gravedad juega a favor del retorno.
  • Caminar, nadar o pedalear. Los grandes aliados de fondo: movimiento continuo y de bajo impacto.

Y para cerrar, dos o tres estiramientos suaves, manteniendo cada postura unos 20 segundos y sin rebotes:

  • Gemelo y parte posterior: una pierna adelantada y flexionada, la otra estirada atrás con el talón en el suelo.
  • Cuádriceps: de pie, lleva el talón hacia el glúteo sujetando el tobillo, con un apoyo para no perder el equilibrio.
  • Aductores («mariposa»): sentada, junta las plantas de los pies y acércalas al cuerpo.

Remedios naturales para la circulación venosa

La fitoterapia nos ofrece varias plantas con efecto sobre la circulación de retorno. Entre las más conocidas:

  • Vid roja. Rica en taninos y en vitaminas A, B1, B5, B6 y C.
  • Hamamelis. Tradicionalmente empleado como venotónico astringente; rico en flavonoides y taninos.
  • Avellano. Sus hojas también son ricas en taninos y flavonoides.
  • Ciprés. Buen venotónico por su acción astringente.
  • Rusco. Contiene vitamina P y se usa por su efecto antiinflamatorio y antiedematoso.
  • Castaño de Indias (Aesculus hippocastanum). Uno de los más conocidos y utilizados, rico en taninos y flavonoides. Su principal principio activo es la escina, un venotónico potente. Es, además, la planta con más respaldo científico de este grupo: las revisiones disponibles apuntan a una mejora de síntomas como el dolor, el edema y el picor de piernas. Se emplea tanto en fitoterapia como en homeopatía.

Una matización importante: estos remedios pueden acompañar el cuidado de la circulación, pero no sustituyen la valoración médica, sobre todo cuando hay síntomas de insuficiencia venosa. Y, como cualquier producto activo, pueden interaccionar con medicación o no estar indicados en determinadas situaciones. Ante la duda, conviene consultar.

Tratamientos médicos y quirúrgicos

Más allá de la fitoterapia, existen sustancias de origen químico —algunas también de procedencia vegetal— con efecto sobre el endotelio vascular, empleadas en la medicina convencional.

Cuando hay varices muy tortuosas o una afectación importante de las válvulas, con insuficiencia venosa profunda significativa, la alternativa puede ser quirúrgica, dado el riesgo de complicaciones como ulceraciones, trombosis o hemorragias. La cirugía vascular actual es bastante menos agresiva que la de antaño: ya no se trata necesariamente de extirpar las safenas dejando cicatrices a lo largo de la pierna.

Para las telangiectasias, arañas vasculares y varicillas superficiales existe la esclerosis: se introduce en la vena una sustancia esclerosante que irrita su pared y la «seca». Es menos efectiva en venas grandes, muy dilatadas y tortuosas. Y para los pequeños capilares superficiales, está también la opción del láser.


Agradecemos a la Dra. Mónica Peris su tiempo y su explicación. Puedes ver la entrevista completa en el canal de YouTube de Salud Integrativa. https://www.youtube.com/watch?v=9xFIkSttwuk

Este contenido tiene carácter divulgativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario.


Autor: Dra Mónica Peris, Redacción de Salud Integrativa.

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