PEA, una herramienta clave en sensibilización central, dolor y sueño
La palmitoiletanolamida (PEA) es una molécula lipídica endógena perteneciente a la familia de las N-aciletanolaminas, producida por el organismo como respuesta al daño celular, el estrés inflamatorio y la activación inmunitaria. Su función fisiológica principal es actuar como mediador pro-resolutivo, limitando la inflamación y modulando la señal de dolor (1,2).
En los últimos años, la investigación sobre PEA ha aumentado de forma considerable, especialmente en el contexto de dolor crónico, sensibilización central y neuroinflamación (2,3).
En este artículo revisamos cómo actúa el PEA, en qué situaciones clínicas puede ser útil y cuáles son las dosis empleadas en la literatura científica.
PEA y fisiopatología del dolor: modulando la neuroinflamación
El dolor crónico y la sensibilización central están asociados a un proceso de neuroinflamación mantenida, caracterizado por la activación de mastocitos, microglía y la liberación de mediadores proinflamatorios que aumentan la excitabilidad neuronal (2,5).
La sensibilización central es un fenómeno en el que el sistema nervioso central amplifica la señal de dolor. Este proceso está relacionado con la activación persistente de células gliales (microglía y mastocitos) y con la liberación de mediadores inflamatorios que aumentan la excitabilidad neuronal.
El PEA actúa precisamente sobre estos mecanismos.

Sus principales acciones fisiológicas incluyen:
- Modulación de mastocitos y microglía
Los mastocitos desempeñan un papel clave en la amplificación del dolor inflamatorio y neuropático. Su activación provoca la liberación de histamina, TNF-α, prostaglandinas e interleucinas, mediadores que sensibilizan las fibras nociceptivas periféricas.
El PEA actúa como regulador de la activación mastocitaria, reduciendo la liberación de mediadores inflamatorios y limitando la propagación de la señal nociceptiva (2,5).
- Modulación de microglía y neuroinflamación
En el sistema nervioso central, la activación de microglía contribuye al mantenimiento del dolor crónico y a la sensibilización central. El PEA ha demostrado reducir la activación de estas células gliales, contribuyendo a disminuir la neuroinflamación y la hipersensibilidad neuronal (2,3).
- Activación del receptor PPAR-α
Uno de los mecanismos mejor caracterizados del PEA es la activación del receptor nuclear PPAR-α, implicado en la regulación de genes relacionados con inflamación, metabolismo y respuesta inmunitaria. La activación de este receptor reduce la producción de mediadores proinflamatorios y contribuye a la resolución del proceso inflamatorio (1,2).
- Modulación indirecta del sistema endocannabinoide
El PEA también ejerce un efecto indirecto sobre el sistema endocannabinoide, conocido como “efecto entourage”, potenciando la actividad de endocannabinoides como la anandamida y modulando receptores implicados en la transmisión del dolor como CB1, CB2 y TRPV1 (6).

Este conjunto de mecanismos explica su utilidad en dolor neuropático, inflamatorio y en síndromes de sensibilización central.
Aplicaciones clínicas del PEA
Gracias a estos mecanismos, el PEA se ha estudiado en múltiples situaciones clínicas caracterizadas por inflamación neuroinmune y dolor persistente.
Dolor neuropático
Diversos estudios clínicos han mostrado que la suplementación con PEA puede reducir la intensidad del dolor en pacientes con:
- neuropatía diabética
- neuralgia postherpética
- radiculopatías
- síndrome del túnel carpiano y otras neuropatías
En varios ensayos y estudios observacionales se han observado mejoras significativas en la intensidad del dolor y la función nerviosa (7,8).
Sensibilización central
El PEA también se ha utilizado en condiciones donde existe una amplificación central de la señal nociceptiva, como:
- fibromialgia
- dolor lumbar crónico
- síndrome de dolor miofascial
- dolor pélvico crónico
En estos contextos, su capacidad para modular mastocitos y microglía puede contribuir a reducir la neuroinflamación y la hipersensibilidad neuronal (2,7,8).
Dolor musculoesquelético e inflamatorio
Otra área de interés es el tratamiento del dolor asociado a procesos inflamatorios periféricos, como:
- artrosis
- tendinopatías
- dolor postquirúrgico
En estos casos, el PEA puede ayudar a reducir la inflamación local y mejorar la percepción del dolor (2,3).
PEA y calidad del sueño
El dolor crónico y la neuroinflamación alteran los circuitos cerebrales implicados en la regulación del sueño, especialmente en el hipotálamo y el tronco cerebral.
Al reducir la señal inflamatoria y modular la transmisión nociceptiva, el PEA puede contribuir a mejorar significativamente la calidad del sueño en pacientes con dolor crónico, algo que se ha observado en diversos estudios clínicos (5,7).
Uno de los principales retos de la suplementación con PEA es su baja solubilidad y absorción intestinal.
Esta mejora en la biodisponibilidad es especialmente relevante en el contexto del dolor crónico, donde alcanzar concentraciones eficaces puede marcar una diferencia clínica.
Dosis utilizadas en estudios clínicos:
La mayoría de estudios con PEA han utilizado dosis entre 600 y 1200 mg diarios, generalmente divididas en dos tomas (3,5).
Cuando se utiliza un producto PEA con buena biodisponibilidad, las dosis habituales en práctica clínica suelen situarse en:
- 300–600 mg/día en inflamación o dolor leve
- 600–1000 mg/día en dolor neuropático o sensibilización central
En protocolos clínicos, es habitual mantener la suplementación durante 8-12 semanas, ya que los efectos sobre la neuroinflamación y la modulación glial requieren un periodo de tiempo para consolidarse (2,3).
Una estrategia interesante en medicina integrativa del dolor
La palmitoiletanolamida representa una estrategia interesante dentro del abordaje integrativo del dolor crónico. Su capacidad para modular mastocitos, microglía y receptores nucleares implicados en inflamación la convierte en una herramienta útil en contextos donde la neuroinflamación y la sensibilización central desempeñan un papel clave (2,3).
Las formulaciones con mayor biodisponibilidad, permiten optimizar su absorción y facilitar su aplicación clínica en el manejo del dolor neuropático (7,8), inflamatorio y en la mejora indirecta del sueño asociado al dolor.
Autores: Por la Dra. Begoña Ruiz Núñez / Redacción de Salud Integrativa.
Producto recomendado:
Referencias:
Petrosino S, Di Marzo V. The pharmacology of palmitoylethanolamide and first data on the therapeutic efficacy of some of its new formulations. Br J Pharmacol. 2017.
Skaper SD, Facci L, Fusco M, Della Valle MF, Zusso M, Costa B et al. Palmitoylethanolamide, a naturally occurring disease-modifying agent in neuropathic pain. Inflammopharmacology. 2014.
Gabrielsson L, Mattsson S, Fowler CJ. Palmitoylethanolamide for the treatment of pain: pharmacokinetics, safety and efficacy. Br J Clin Pharmacol. 2016.
Schievano C, et al. LipiSperse® technology enhances the bioavailability of palmitoylethanolamide. Nutrients. 2021.
Nestmann ER. Safety of micronized palmitoylethanolamide: a systematic review. Food Sci Nutr. 2017.
Rankin L, Fowler CJ. The endocannabinoid system and palmitoylethanolamide in pain modulation. Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids. 2020.
Keppel Hesselink JM, Kopsky DJ. Palmitoylethanolamide, a nutraceutical, in nerve compression syndromes: efficacy and safety in sciatic pain and carpal tunnel syndrome. J Pain Res. 2015.
Hesselink JM, Kopsky DJ. Palmitoylethanolamide: clinical evidence for neuropathic pain and central sensitization. Pain Ther. 2019.
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